El tira y afloja rompió la cuerda. Ya no encontraría
el camino hasta tu puerta, aunque algún día quisiera. Mis nervios se olvidaron
de bailar al son de tus cuatro letras. Me enganchaste creyendo que mi pulso
siempre tiembla, como si renacer no entrase en mis planes.
Con el hueco abierto de tu flecha me puse a prueba,
y admito que a punto estuve de volver a meterla.
Pero jugar al mismo juego siempre, es lo que tiene,
ya no hay emoción. Ironías del tiempo, solo después de perderte encontrarte es
una elección.
Miré tu flecha en mi mano, era puntiaguda y fina, y
hasta manchada de sangre parecía bonita.
La luna me enseñó un poco más sobre el arte de la
pasión. Lancé tu flecha al cielo oscuro, y entonces la noche respiró.
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