Qué
alto está el andén, pensé. Y me lo imaginé, anticipándome otra vez.
Qué
miedo acabar acertando tarde o temprano.
Como cuando bailamos mirando a
los pies. Es como decir: encantada, pero pronto ya no podrá ser.
Lo diremos, tan seguro como que oigo llegar ese tren.
No es de extrañar que no miremos a los ojos, ya nadie quiere conocer el final al principio.
El hacer para luego deshacer. No hay línea que nos separe del pasado, el que somos y seremos. Aún sabiéndolo, ¿bailamos?
No hay comentarios:
Publicar un comentario