Mis noches siguen siendo de poco dormir, o mis días de mucho esperar.
Quizás cada día sea más impaciente, o que las calles de la capital me
seducen poco a poco, hasta conquistarme en horas bajas.
Puede que
ya no estés solo entre mis cuatro paredes, sino que a menudo el barrio
entero y desierto me grita tu nombre, que retumba en mi cerebro y no
cesa hasta que escucho. Como puedes ver, incluso la gran ciudad a veces
me traiciona.
Pero en esto solo mata quien (además de querer) puede.
Y
es que siendo honestos, sabemos que aquí lo único que nos mantiene
vivos tiene el poder de matarnos. A estas alturas lo más sensato es
admitir que lo único que quema es lo que conseguimos, pero no del todo. Como si en una pesadilla tú fueses el lugar al que no logré llegar tras haber corrido por todas las rutas posibles.

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