Después de una breve calma, me pregunto quién te crees que
eres para presenciar mi tempestad.
Si hablamos de derechos, yo nunca te di permiso para colarte
en mi subconsciente la noche más inesperada, ya es suficiente tortura verte en
el fondo de mi ron aguado.
Puede ser orgullo, o quizás instinto de supervivencia, pero
no esperes verme sangrar si te cruzas. Nunca entendiste que esto es una lucha
interna. Que ni tú tan especial ni yo tan suicida. Lo jodido es que en esta
guerra los dos beligerantes están en mi cabeza, y tú solo despertaste al bando
de la rabia y la impotencia. Pero no
olvides que todo eso ya estaba dentro de mí cuando viniste a retorcer mis
clavos.
Así que, hoy si te veo, juro que me concedo una tregua para
recordarte que conseguir mi paz o mi ruina es solo decisión mía.
No hay comentarios:
Publicar un comentario