sábado, 2 de noviembre de 2013

No sonríe mucho. A veces la miro y parece seria, como si le diese igual el ir y venir de la gente, como si no entendiese este mundo de locos.
También a veces se queda callada durante mucho rato como si no tuviera nada que decir, y estoy segura de que nunca podría saber con certeza qué pasa por su mente. 
Pero cuando ríe es otra cosa. Puedo percibir cómo se desprende de la tristeza que, por alguna razón que nunca conoceré, tiene bien adentro.
 Y presenciar el espectáculo de su sonrisa vence siempre a un mal día.

1 comentario:

  1. Cada vez que te leo, se me pone un nudo en la garganta y la piel de gallina. Nunca dejes de escribir.

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