Hoy no me interesa tu nombre ni saber qué haces
en tu tiempo libre. Sólo me interesa esa forma en que me has guiñado el
ojo y que me ha parecido capaz de sosegar este vacío por un rato. Quizás
no tengas nada de especial, quizás ni siquiera me moleste en
descubrirlo, pero mañana si despiertas por aquí cerca fingiré al menos
querer hacerlo.
Lo jodido será que siga queriendo cuando sin darme cuenta deje de fingir y tú te levantes y como si nada digas: ya hablaremos.
Y
me quedo ahí tirada pensando: qué guiño más bonito el de tus ojos. Y
mira, al final el tema me interesa más de lo que pensaba.
Pero no, no hablaremos. Porque quién soy yo para apropiarme de tu aliento, me
gustas libre, y no pienso necesitarte, supimos cruzarnos y dar vida al
momento en que todo parecía más bien muerto, y eso es lo importante.
Así que por favor, por ti, por mí, no vuelvas a guiñarme el ojo de esa manera.

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