Todavía no tengo muy claro si te gusta dormir en compañía, o si esperas
que después de un rato sea yo la que se despida. No sé si me gustará el humor
de tus mañanas, ni si tú soportaras el mío. Quizás tengamos tan poco en común
que a los ojos de cualquier persona sensata, sería una pérdida de tiempo seguir
buscándote. Pero justo cuando me levanto con intención de irme sin
hacer ruido, me invade la curiosidad.
Y si algo he aprendido es que uno de los grandes errores
humanos consiste en buscar dos piezas que encajen por sí solas. Creo
firmemente que todos, o casi todos, buscamos la mínima excusa para soltar algo
así como: Si no lo intentas nunca lo sabrás. Y quizás el error sea ese, nos
forzamos a intentarlo mientras perseguimos estúpidos prototipos, y todo para
dar justificación a nuestros actos. Y como no, nuestras expectativas
suelen acabar en fracaso.
Mi pregunta
es, ¿de verdad esto necesita justificación? Puede que al final no tengamos nada
en común, puede que nos demos cuenta demasiado tarde, y aún así, se nos olvida
la magia de habernos adaptado, de haber llegado a ver nuestros defectos y
manías como "algo no tan malo"(o incluso bonito), en definitiva, se
nos olvida que un día llegamos a encajar cuando probablemente nos parecíamos
muy poco.
Y,
pensándolo bien, sería absurdo arrepentirse, porque la dificultad por
entenderte me hizo tan parecida a ti, que nada podría haber sido de otra forma,
y llámame loca si te digo que ahora, cuando te miro eres lo más parecido que
hay a mi reflejo, como si fuéramos cómplices riéndonos de los
estereotipos y de las medias-naranjas tan inexistentes como aburridas.