viernes, 19 de junio de 2015

El balcón en el centro y el escaso movimiento.  
Las calles en domingo. 
Tú y yo en la hora del consuelo. 
A veces no hay por donde cogernos. 
Libramos el desgaste, o eso digo sin saber si miento. 
Quiero irme y está nublado.
El techo alto y la falta de sueño. 
El ritmo taquicárdico. 
Pero ya nos conocemos, 
la rabia y la guerra son eternos por momentos. 
Es mi suerte y la condena, y no, no me pierdes. 
No hagas de mis caras tu moneda. 
Y cuando vuelva el desaliento, aguanta mientras, que al final me canso. 

Sonaba un "no estamos rotos, solo doblados" y en el desorden de nuestro norte había un principio claramente difuminado.


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