Las calles en domingo.
Tú y yo en la hora del consuelo.
A veces no hay por donde cogernos.
Libramos el desgaste, o eso digo sin saber si miento.
Quiero irme y está nublado.
El techo alto y la falta de sueño.
El ritmo taquicárdico.
Pero ya nos conocemos,
la rabia y la guerra son eternos por momentos.
Es mi suerte y la condena, y no, no me pierdes.
No hagas de mis caras tu moneda.
Y cuando vuelva el desaliento, aguanta mientras, que al final me canso.
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