Con los años aprendemos a apostar a medias, a dominar las pasiones y borrar
sus huellas.
Veo un exceso de sentido común, demasiado "pensar antes con la
cabeza".
No queremos eso de sensaciones extremas, calculamos y medimos de antemano
las consecuencias.
Huímos si no es posible el autocontrol, ya no probamos, y de hacerlo,
siempre con temor.
Pero como en todo, la regla general se confirma con la excepción.
Bienvenidas las mentes inquietas, que conservan su juventud por encima de
las imposiciones del tiempo y del reloj. Aquellas que, tras perder, siguen
jugando al cero con poco en los bolsillos pero con pulso firme.
Aquellas que lo esperaban todo de alguien y solo encontraron cordura.
Esas mentes, escasas y valiosas, que a veces malviven rodeadas de las
comunes, y pronto reconocen que ese no es lugar para ellas.
Así que vagan por ahí solas, con su capacidad para elegir constantemente la
locura, y rechazar este mundo de cuerdos que ni los cuerdos entienden.