jueves, 1 de enero de 2015

A-


Quererte es retorcerme, la obsesión por aquella cumbre en un día gris siendo tu alegría. Huyo para no encontrarme, corro para no buscarte y me enfrento a mí misma más de la cuenta. Con tu número delante. Otra vez, otra vez que me repito: no puedo fallarme. Rompería mi móvil, pero ya se me ocurriría otra forma, y no quiero tener que dar explicaciones ante tu puerta. Es el precio de haberme conocido, la duda de si me ha gustado hacerlo. Procuro no ser dura, pero hay fallos que no me acepto. Como el deseo de cuidarte sólo porque me mantienes alerta. Girando los bares, directa al insomnio, deshecha del resto.
A solas, de nuevo lo he elegido. Quedarme con mis conjeturas, con la duda de saber si tú también te has permitido pensar en mí como forma de vértigo.


Es normal que no puedas comprender que ya no vuelvo. Porque nunca me he ido. De tu lado al mío no hay siquiera polvo. Sueño pensar que no es cierto, que es mi maniática idealización. Es mi engaño más preciado. Pero no consigo creérmelo. Quiero dejar de estar apunto, y apunto siempre me quedo.